Si somos personas inclinadas hacia la fe, sabemos que a veces nos vienen señales del cielo o que existen de alguna manera “mensajeros” que nos traen serenidad o respuestas a nuestras inquietudes más profundas.
Pues tengo que decirles que yo no soy alguien muy sensible a esas teorías; sin embargo, poco a poco he notado que de cierta manera en mí se presentan algunos “mensajeros” que de alguna manera contribuyen a la mejora de mi estado de ánimo.
Que razón tiene un amigo al decir que es mejor que te piensen a que te extrañen! Si te piensan denota un sentimiento de nostalgia positivo que te hace desear saber como está esa persona, que es de su vida, que novedades te puede compartir; te genera el deseo de “actuar” a favor de ese impulso. Por el contrario extrañar denota sentimiento de tristeza, de vacío que regularmente tratas de evadir, “pensando” o “actuando” en otra cosa.
Hoy, como caso atípico a este blog quiero agradecer a esas personas que además de pensarme lo han hecho expreso y han decidido regalarme un gesto de bondad y de cariño.
Esos gestos de bondad CERTEROS que hacen que trasciendan en mi vida y le cambien la perspectiva en el momento oportuno, con el mensaje correcto y obteniendo los resultados inesperados…
Esas personas certeras que no dudan en enviar un mensaje desde cualquier parte del mundo en el momento en que necesito saber que alguien piensa mí. Mensajes como: “Ya estoy en *** y solo quería que supieras como este humanoide piensa en tí”
Esas personas certeras que te dejan mensajes de voz en tu celular y que te permite escucharlos una y otra vez y te devuelven la alegría a tu vida “Hola Ana, estoy en medio del tráfico de la Ciudad de ***, me conecto más tarde para poder conversar contigo, ciao. Besos, Muacks.”
Ese chiste inesperado y certero que hace reír a este payasito cuando lo único que quiere es llorar. “ea, ea.”
Ese chiste inesperado y certero que hace reír a este payasito cuando lo único que quiere es llorar. “ea, ea.”
El amigo certero que te llama para pedirte que reivindiquen su amistad cuando atraviesas por una crisis de malparidez cósmica crónica.
Esas personas que no vacilan en escribirte un correo electrónico para saber como estas luego de mucho tiempo en el que tal vez sólo existían ciertos “clicks ocasionales. O bien, cuando ese click ocasional se vuelve más un click certero y te hace sentir querida.
O más aún aquellas personas que deciden llamarte, no importando el día, la hora y el lugar, pero que lo hacen en el momento en que la soledad invade todo tu ser o cuando la habitación y la casa se te hacen tan grandes…
Cuando esas personas certeras llaman para conversar sobre las decisiones del equipamiento en el hogar, el servicio al cliente o las anécdotas de fugados pero te irradian esperanza sin saber que previo a su llamada alguien despiadadamente te sentenció a no contar nunca con él…
Incluso aquellos que son la razón de mi malestar pero que en ocasiones se permiten demostrarme sus mejores gestos de bondad y cariño.
A todas estas personas gracias y como diría un amigo (que siempre es certero), a nadie debe negársele recibir un gesto de bondad, sobretodo porque nada nos cuesta…
