En algún momento de la vida nos vemos en la disyuntiva de decidir entre casarnos o simplemente vivir juntos con nuestra pareja. Creo que con los años nos vamos volviendo un poco reacios a realizar todo el acto protocolario que implica tener una boda y nos coquetea aún más la idea de vivir juntos, sobretodo porque se acopla de mejor manera a nuestro perpetuo deseo de tener una vida cómoda.
Bien, luego de estar a disposición completa de la unión libre, resulta que leí en un libro cual es la razón por la que nos vemos inclinados a esta opción y por qué implica algunos riesgos para la relación. La diferencia entre el matrimonio y vivir juntos se basa en el sentido de parentesco; cuando existe matrimonio la unión que prevalece es la de derecho y vivir juntos implica una unión de hecho. Esto significa, sin el ánimo de ofender a los abogados que pueden tener una mejor explicación de este tema, que con el matrimonio se constituye una unión formal que implica derechos y obligaciones; mientras que vivir juntos no implica expresamente ninguno de estos dos. Mientras que en el matrimonio los objetivos son claros, en la unión libre los objetivos no necesariamente pueden coincidir con la pareja. Además que los sustantivos a la pareja, que denotan pertenencia y parentesco, en ambos casos difieren; en el matrimonio se convierten en “esposos” mientras que en el otro método esa parte se maneja en forma ambigua; algunos rescatan el mismo sustantivo que el matrimonio pero otros los nombran “mi pareja” o como el caso de un amigo, quien vive con su pareja, se refería a ella en público como “su pareja actual”.
Estos hallazgos me hicieron pensar en como funciona este fenómeno en el noviazgo. En una ocasión un amigo me decía que cuando llevaba a sus parejas a la casa de sus padres él lo hacía con el propósito de que su familia pudiera conocerla y de cierta manera confirmar que eran un buen prospecto; sin embargo, sus parejas se molestaban cuando las presentaba como “amiga”; él argumentaba que nunca les había hecho la propuesta aún de que fueran novios a pesar de ya “ejercer” algunos derechos como tal. En conclusión, parece ser que la unión de derecho en el noviazgo se constituye cuando existe la propuesta expresa de ser “novios”.
Esto nos lleva a pensar que el matrimonio apuesta a una relación a largo plazo con todas sus implicaciones mientras que vivir juntos es un intento de “ver que sale” o “ver si nos sale”, de apostar a que tu pareja también persiga tus mismas metas; que en algunos casos se concretan y otras solo te hace estar en medio de una bruma sin ver el horizonte. En el caso del noviazgo, la propuesta implica el compromiso y la pertenencia; mientras que al no haberla no existen garantías.
Y si, luego de leer lo que he escrito, he de confesarles algo… algunos de los “amigos” que nombro en mis publicaciones, no he definido aún como llamarlos…
